Domingo, 26 de julio
¡Aquí estamos de nuevo! En el aeropuerto de Barcelona. Son las 6:00 de la mañana y nos encontramos con el primer contratiempo: la maleta pesa más de lo permitido por Vueling, y después de enseñar braguitas y calzonzillos a toda la cola de pasajeros hemos conseguido redistribuir la ropa en mochilas que pasaremos como equipaje de mano.
El vuelo es agradable; unas 2 horas. Cerca de Dubrovnik el piloto avisa que hay fuertes vientos; el típico aviso que esperas no recibir y que enseguida se hace notorio. Al aterrizar, el avión da más bandazos que un borracho volviendo a casa. ¡No las tengo todas conmigo! Algún gritito, gente bien asida a su asiento y rostros de cierta tensión. Cuando el piloto controla la situación y se esfuma el peligro, la gente rompe a aplausos. ¡Esta vez la amenaza ha sido más seria!
El aeropuerto de Dubrovnik es pequeño, no tiene pérdida ni complicación. A modo de ejemplo decir que sólo dispone de una cinta de maletas.
Enseguida cogemos un taxi que, por unos 35€ nos llevará hasta el hotel Neptun, nuestro primer alojamiento, que no está en Dubrovnik centro, sino en lo que se conoce como Península de Lapad o Babin Kuk, a escasos kilómetros del centro. También existe la opción de coger un autobús desde el aeropuerto hasta Dubrovnik centro (Puerta Pile) y allí otro bus hasta la zona de hoteles de Babin Kuk, pero hoy preferimos el taxi porque valoramos más la comodidad que nos ofrece considerando que vamos cargados con maletas y con una niña de 7 años.
El trayecto en taxi desde el aeropuerto son algo más de 30 km en que comenzamos a disfrutar el paisaje verde de Croacia.
El Hotel Neptun, contratado a través de www.booking.com es, a primera vista, correcto. Desde la recepción me llama la atención una enorme cristalera que nos enseña el mar. Aquí estaremos 3 noches, a 465€ en A.D.
Dejamos las maletas en la habitación y queremos probar ya la piscina. ¡Estamos de vacaciones!
Es una curiosa piscina, excavada en la roca, sobre el mar, con agua salada; y el solarium lo componen las rocas aplanadas de alrededor a modo de terraza. Me parece fantástico. El agua está muy fría, así que decidimos bañarnos en el mar, y digo mar porque aquí, como en aquella canción sobre Madrid, aquí no haya playa. Colocan una escalera en las rocas por la que accedes al agua.
El bañito sienta sensacional, pero el oleaje que levantas las embarcaciones nos acercan en exceso a las rocas, que esperan ansiosas nuestros golpes.
Nos duchamos y... ¡a comer! Pero antes, cambiamos euros por kunas, moneda local, a 7'255€ (1€=7'255kn).
Comemos en el Restaurante Zoe, que pertenece al complejo hotelero. La camarera no es precisamente un dechado de simpatía, pero comemos a gusto una ensalada y un primero por cabeza por 293kn. El agua, aunque embotellada, viene abierta y sabe más a grifo que a otra cosa.
Hicimos una merecida siesta y fuimos en busca de la ciudad. Se puede ir en bus, el nº6. Los tickets los vende el propio hotel a 8kn, y se coge a escasos 70m de recepción. Los niños no pagan. El bus te deja en la Puerta Pile, muy céntrico, y por cierto allí hay diversos minimarket donde comprar agua y otras provisiones. Hay autobuses hasta casi las 12 de la noche.
¡Dubrovnik es precioso!
Como siempre no es intención de este diario describir minuciosamente monumentos o lugares, sino más bien sensaciones y datos prácticos.
Pasada la imponente Puerta Pile hicimos fotos en la Fuente de San Onofrio para después hacer un recorrido por las murallas: acceso adultos 50kn, niños mayores de 6 años 20kn. Cierran a las 19:00h. El paseo por las murallas me gusta: torreones, tejados, cañones, vistas al mar... También vemos el famoso bar adosado a la muralla exterior, sobre las rocas y a escasos pasos del mar. Debe ser un placer tomarse algo en tan privilegiada situación.
Para no rodear la muralla entera bajamos por el lado opuesto, hacia el puerto. Paseamos por callejuelas empedradas que deleitan los sentidos. Entramos en la catedral: más bien sosa.
¡Es una ciudad para callejuelar y callejuelar!
Paseamos por la Stradun, calle principal, llegando a la Plaza de la Logia, donde destacan los arcos del Palacio Rectoral. Dentro hay un museo que no visitamos.
Se hace la hora de cenar: hay muchos restaurantes. Nos decidimos por uno con vistas al puerto, adosado a la muralla: Lokanda Pescarija. Tomamos una ensalada y un plato de pescado frito para cada uno por 260kn.
Volvimos al hotel con el nº6 nuevamente desde la Puerta Pile, y...¡a dormir!
Lunes, 27 de julio.
Nos despertamos, desayunamos, por cierto muy bien, en el hotel. Después bajamos a la piscina, pero estando el agua tan fría que nos bañamos directamente en el mar. Hoy usamos las gafas de buceo y exploramos un poco el fondo del mar. Es una maravilla: peces, erizos, algas, rocas... Tras dos horas de descanso y chapuzones recogimos, nos duchamos y volvimos al centro con el bus 6.
Dubrovnik me parece más bonito que ayer. A la derecha de la Stradun se abren callejones con muchos restaurantes y tiendas, en una de las cuales compro mi taza a 35kn. A la izquierda y con cierta empinación, más callejuelas escalonadas, con menos turistas pero con rincones auténticos. Pasamos por el Palacio Sponza, con preciosas ventanas góticas, así como por los pies de la Torre Minceta, el punto más elevado de las murallas.
Comemos en el Restaurante Silok, entre los callejones a la derecha de la Stradun: una ensalada y tres segundos a 300kn. Los platos son enormes, hubiéramos pasado con dos segundos. Después, en una de las muchas heladerías, tomamos un cucurucho a 7kn, precio muy estándard en las heladerías.
Tomamos el bus nº1 en Puerta Pile para ir al barrio de Gruz, donde tenemos contratado el alquiler de un coche. El 'alquilador' no me ofrece confianza pues de su boca solo sale la palabra extra e intenta cobrarnos dos veces por el mismo concepto. Aún así, ahí estamos, camino del hotel con nuestro Volkswagen Polo rojo.
Descansamos un rato y volvimos al centro, de noche, con el bus nº6 pese a tener coche, ya que aparcar en Dubrovnik es muy complicado.
¡Dubrovnik es mágico! ¡Es imprescindible verlo de noche!
Paseamos y paseamos hasta sentarnos a cenar en un céntrico restaurante cuyo nombre no apunté, por 222kn una ensalada y tres platos más. En el bus de vuelta, la peque ya dormía y, a nosotros, nos faltaban tan solo 15 o 20 minutos, justo el trayecto hasta el hotel.
Martes, 28 de julio.
Despertador, sí, sí, despertador a las 7:30h.
Desayunamos en la terraza exterior del hotel, con vistas al mar. ¡Qué lujo!
Hoy vamos con el coche hacia Orebic, para allí tomar un ferrie y visitar la isla de Korçula, una de las ciudades natales del ilustre viajero Marco Polo (cuando uno se hace famoso siempre, por motivos comerciales, resulta que ha nacido en más de una ciudad). Después nos bañaremos en la playa de Orebic y finalmente iremos a Ston a pasear por su muralla, la más grande Europa. ¡Día completito!
La ida hacia Orebic son unos 110km que hacemos en unas dos horas. La carretera, la única que hay, recorre un paisaje verde siempre con el mar a la izquierda. Vamos con el freno echado por miedo a las multas, ya que he leído sobre la multipresencia de policías. Cuando miro por el retrovisor veo que me sigue una enorme retahíla de coches y camiones, y supongo que más de uno acordándose de mi madre.
Debo decir que en todo el viaje no vimos un solo policía en la carretera, si bien la discreta velocidad sirvió de excusa para contemplar la bella costa dálmata.
Las indicaciones en la carretera son excelentes: primero hacia Split y después hacia Orebic pasando por Ston. El viaje se hace pesado, pese a lo agradable del paisaje.
Llegados a Orebic buscamos el ferrie de Korçula. Enseguida lo encontramos visualmente. Hay dos ferries: uno grande, de Jadrolinija (www.jadrolinija.hr para horarios y precios indicando origen Orebic y destino Domince), que es para coches y pasajeros pero que deja a 2km del centro de Korçula; y otro pequeño, de Mediteranska Plovska (www.medplov.hr), que es sólo para pasajeros y deja en el mismo Korçula. Tomaremos este último: adultos 12kn, niños 7kn, ya que no pasaremos el coche. Sale cada hora en punto.
Dejamos el coche en un parking cercano, a 6kn la hora. Al bajar del coche me doy cuenta de lo que será una de las grandes preocupaciones de este viaje: una rueda está sospechosamente desinflada. ¿estará pinchada?
Desde el barquito de 'medplov' se va viendo la silueta de las murallas de Korçula cada vez más cercana. Llegamos en unos 20 minutos. El paseo por Korçula es muy bonito. Muy recomendable. Nuevamente callejuelas, escaleras, edificios antiguos, calles empedradas y vestigios de cuando Venecia dominaba esta zona. Recomiendo llevar bañador ya que, como en toda la costa de Croacia, aprovechan cualquier roca para colocar una escalera al mar y seguro que un baño de 10 minutos, con el calor que hace, sabe a gloria.
Aunque pequeña, me parece muy bonita la catedral de San Marcos, en la plaza del Ayuntamiento, así como el paseo que prácticamente circunda la ciudad. No entramos a la torre de la casa de Marco Polo por ser un reclamo puramente turístico.
Comemos en 'konova Mareta' donde nos sirve una de las pocas camareras simpáticas que hemos tenido en todo el viaje. Una ensalada y tres platos, 280kn. Por cierto, en este restaurante, unas mesas más allá, oimos hablar en castellano, idioma que sentimos poco en los 14 días que deambulamos por Croacia.
La visita a Korçula ha sido formidable.
Hacia las 15:30h regresamos en el barquito hacia Orebic (sale cada 'media' en punto), donde queremos pasar un buen rato en su playa de guijarros.
¡Sorpresa doble!
En el maletero no encuentro bañadores y toallas; se me han olvidado en el hotel.
Y además, la rueda está totalmente desinflada. Hace toda la pinta de pinchada.
Cambio mi primera rueda con la inestimable ayuda del chico del parking, al que le doy 20kn para una pivo (cerveza). Para recuperar la serenidad refrescamos los pies en la playa, si bien mi princesita se baña entera en 'calcetes'. Después regresamos a Dubrovnik directamente ya que la niña se ha dormido en el coche y no será posible mi deseada parada y paseo por Ston y su muralla. Por el camino paramos en una improvisada frutería a pie de carretera para lo que pretendía ser nuestra cena: nectarinas que no mataban, y ciruelas que resultaron medio podridas. ¡Qué día!
Antes de entrar al hotel hinchamos la rueda en una gasolinera para mirar en un par de días si realmente está pinchada o tan solo desinflada.
Ya en el aparcamiento del hotel, una furgoneta mal estacionada no deja pasar al autobús, detrás del cual hay otro autobús, y detrás un coche, ..., y otro coche..., y ¡nosotros!
¡No es posible! Estamos aparcando en el hotel y hay un atasco de la leche. Vino la policía, la grúa y todo el que hizo falta, y después de 20 minutos eternos salimos del embrollo.
Fuimos a la habitación a por los olvidados bañadores puesto que la niña ya se había despertado, y después directamente a darnos un baño en el mar, a ver si el agua cura este maldecido día. Biennnn! ¡Esto ya es otra cosa!
Cenamos la insabora fruta y otros restos y salimos a tomar una copa al bar de la piscina. Bebimos un batido con la luz de la luna reflejada en el mar; y con el ritmo repetitivo del faro de la isla de enfrente fuimos en busca de la cama para no pensar en nada más, no sea que también salga mal.
Miércoles, 29 de julio.
A las 8:00h ya estamos desayunando, pues hoy cambiamos de alojamiento: vamos camino de la isla de Hvar. Entre tortitas y mermelada servidos excelentemente por mi princesita pasamos los últimos instantes en este Hotel Neptun, cuya valoración ha sido buena.
Las indicaciones en la carretera hacia Hvar son excelentes. Cada pueblo que cruzamos nos ofrece una caleta al mar, pero no paramos. Pasamos sin mayor problema la frontera bosnia e incluso paramos en una tienda para cambiar moneda de ese país con el fin de coleccionarla.
En cierto momento la carretera se aleja de la costa y pasamos por una cordillera que da la bienvenida a la Riviera de Makarska. Después de casi 2h 30' llegamos a Drvenik desde donde cogeremos el ferrie hacia Hvar. Primero se sigue el desvío hacia Drvenik y, llegados a la altura de la playa, se va a la derecha algo más de 1km. Allí está claramente indicado, marcado en el suelo, el carril a seguir para entrar al ferrie.
Compramos el ticket: 128kn un coche, dos adultos y la niña (www.jadrolinija.hr, para horarios y precios indicando origen Drvenik, y destino Sucuraj). Nos ponemos a la cola y enseguida aparece un ferrie. Me da la impresión que es demasiado pequeño para tanto coche que espera. ¡Y efectivamente! Por unos diez coches no entramos.
Según mi horario falta 1h y 45 minutos para el siguiente. Decidimos darnos un baño en la playa de Drvenik. Me apetece, si bien antes tomamos un capuchino a 10kn. Con el último sorbo aún en la boca hace aparición un nuevo ferrie. ¡Sorpresa! Suerte que no fuimos a la playa. La gente corre hacia los coches y enseguida aparcamos en la tripa del ferrie. Nosotros nos sentamos en una sombra del barco para hacer un trayecto de una media hora.
Conforme el barco se aleja dejamos atrás la cordillera del Biokovo. La estampa es preciosa: Gradac, Brist, Drvenik, Makarska, Brela... todas con transparentes calas de guijarros a las que me he quedado con ganas de probar.
El ferrie nos deja en Sucuraj, en la isla de Hvar, a 77km de nuestro segundo alojamiento. Había leido que era una carretera sinuosa y lenta. Es algo más: es detestable, insufrible, vomitable. Puede hacer gracia hacer 5 o 10 km de aquella carretera, pero los baches, el mal asfaltado, la estrechez, y la cabeza dormida de mi hija que va votando de uno al otro lado le quita toda la gracia.
Los primeros 50km son terroríficos, inacabables. Cada kilómetro es una victoria. Pasamos por una cala con muy buena pinta; está a la altura de Jelsa. No nos paramos, queremos acabar con aquel infierno.
Pasado Jelsa la carretera mejora sustancialmente. Los coches aparcados en el arcén denotan la presen cia de calas que despiertan mi interés. ¡Ojalá vengamos!
¡Y por fin, aparece Hvar!
Desde la carretera se perfilan las murallas de su antigua fortaleza. Vamos en busca del Aparthotel Pharia, también contratado a través de www.booking.com, y donde estaremos dos noches. Seguimos unas indicaciones de 'Vira'. La carretera parece desviarse, si bien solo rodea la montaña para buscar Hvar por detrás. Las indicaciones del hotel son buenas y nuestra intuición hace el resto.
Aparcamos en el poco espacio que el Pharia dispone. Nos alojan en un apartamento de dos habitaciones, cocina y baño, y un pequeño balcón. Todo se ve muy limpio.
Son las 15.00h y habíamos salido de Dubrovnik a las 9:00h. ¡Tengo dos campeonas! ¿Yo? Nada. Lo mío es una enfermedad: viajar.
Enseguida volvemos al coche para ir al centro a comer, ya que en los alrededores del hotel no hay comercios, sólo viviendas. En apenas 5 minutos estamos aparcando en un parking muy céntrico a 10kn/h (justo detrás de la catedral). Comemos en el Restaurante Soko, en la calle principal: 1 plato por cabeza, a 280kn. Todo muy rico. Sopla una brisa que es una delicia.
Damos un primer paseo por Hvar: buena impresión; si bien enseguida regresamos al apartamento a descansar un rato. El viaje, durante toda la mañana, ha sido cansado.
Antes de retomar el coche entramos a un super 'konzum', al final de la calle principal, a la izquierda de la catedral, y compramos para desayunar los dos próximos días y para comer mañana. ¡Cada día de restaurante altera la pancha..., y el bolsillo!
Tras el merecido descanso decidimos ir caminando al centro: dice el 'hotelero' que son unos 20 minutos. El paseo es sensacional. El camino bordea la costa, donde cualquier rincón lo aprovecha la gente para darse un chapuzón. Hay mucha gente. Pasamos por delante del Hotel Amfora, todo un lujo para los sentidos, a 540€ la noche.
Conforme nos acercamos al centro de Hvar las vistas son espléndidas. Miles de barcos están atracados en su inmenso puerto. Se denota un ambiente mucho más chic, incluso que Dubrovnik. ¡Aquí hay nivel! Hay hoteles de muy buen aspecto. La gente va muy mudada, y da la impresión de haber mucha cartera forrada.
Paseamos por Hvar. Me parece magnífico y muy agradable. Vemos la plaza principal, el arsenal, el teatro renacentista y otros palacios y casas antiguas. Compramos lavanda en los muchos tenderetes que hay. Después de un buen paseo regresamos caminando al apartamento. La temperatura es sensacional.
Preparamos la cena; cenamos y después..., escribo bocetos de mi diario mientras mis dos campeonas ya duermen. Son más de las 12:00 de la noche. Ya es mañana. Bostezo... y pienso en qué haremos mañana... Lo dicho, que es una enfermedad.
¡Apago la luz! ¿Vale?
Jueves, 30 de julio.
Nos levantamos sin haber puesto el despertador. Hoy nos damos un premio al esfuerzo. Aún así a las 9:00 ya estamos desayunando. Nos ponemos los bañadores, cogemos toalla y crema..., y a buscar una playita.
El día es magnífico. Hay un sol radiante. Decidimos coger el coche y acercarnos a la playa de Milna, a unos 5km de Hvar. No tiene pérdida: tomamos el desvío que indica Milna y la propia carretera desemboca en la playa. Dejamos el coche en un parking de tierra a 5kn/h (aquí las cosas funcionan así).
La playa es coqueta, de guijarros. Para no destrozarnos la espalda alquilamos una hamaca a 20 kn por tiempo ilimitado, asi como un parasol a 10kn. Nos ponemos las chanclas de playa (de esas que se encajan en el pie) que, por cierto se hacen imprescindibles en toda la costa, y... ¡al agua pato!
El agua es cristalina, y el fondo de piedras. Sin las chanclas debe ser muy incómodo. Hemos traido gafas de buceo y nos vamos sumergiendo para ver el fondo marino. ¡Es una pasada! Los peces nadan junto a nosotros. Mi princesita ha traido una bolsa de plástico con la que pretende que pesquemos un pez para llevarlo a casa. Es imposible, pero nos entretenemos más de una hora en el intento... ¡Es divertidísimo!
Nuestro primer gran baño en una playa de Croacia no defrauda lo más mínimo (es cierto que en Dubrovnik nos bañamos pero fue directamente en el mar, no en una playa). Alternamos ratos de sol en la hamaca con largos chapuzones en el agua. Me encanta. El ambiente es muy familiar y poca gente ruidosa.
Después de tres horas inolvidables, nos volvemos al apartamento donde comemos y descansamos un rato para después nuevamente dirigirnos al centro caminando por aquel agradable paseo de 20 minutos que bordea la costa.
Al llegar al centro exploramos nuevas calles y muchos rincones. Cada momento me parece más interesante y fascinante la ciudad. Entramos en la catedral: más bien pobre. Gratis.
Lo mejor de Hvar es pasear, dejarse ver, tal y como hacen los ricachones en el puerto con sus superyates y sus petrodólares.
Tras dar uno de los paseos más agradables de estas vacaciones regresamos al apartamento a cenar. Nos vamos despidiendo de Hvar. Mañana toca madrugar mucho, ya que el ferrie de coches sale de Stari Grad (a 20km de Hvar) hacia Split a las 7:45h. El problema es que los primeros que llegan, entran; y cuando no caben más coches hay que esperar al siguiente ferrie que, en este caso, no sale hasta las 11:30h.
Nos iremos de este Aparthotel Pharia donde hemos pasado dos noches, en solo alojamiento, por 290€. Y nos iremos con la sensación de haber estado en una isla encantadora, donde podríamos haber pernoctado alguna noche más para así poder hacer una excursión en barco a las islas Pakleni, ya que en el puerto vimos varios taxi-boat que hacías esa ruta por 35kn.
Viernes, 31 de julio.
A las 5:30h ya estoy en pie. Recojo los últimos trastos y preparo el desayuno. ¡Leed en silencio, que estas dos aún duermen!
Con sueño y el cansancio acumulado partimos hacia Stari Grad, de donde sale el ferrie. Veo pocos coches en la carretera. ¡Seguro que tendremos sitio en el ferrie!
Llegamos al puerto, por cierto muy bien indicado, a las 6:55h. Pagamos 391kn por el coche, dos adultos y una niña. Hay ya bastantes coches..., pero entraremos en el primer ferrie, que sale puntual a las 7:45h. ¡Ha valido la pena madrugar!
Casi dos horas después atracamos en Split. Buscamos parking por detrás del Palacio Diocleciano, a 6kn la hora. Había leído opiniones algo contradictorias sobre si valía la pena visitar Split. Yo creo que es una visita recomendable. Eso sí, no se visita ningún palacio, ni siquiera sus ruinas, sino que en el sitio donde se levantó el Palacio de Diocleciano ahora se distribuyen multitud de callejones y recovecos aprovechando la estructura de aquel.
El callejeo es agradable, pero el calor es insoportable. Además, nosotros llevamos ya seis horas en marcha y el cansancio hace mella. Así que tras una hora y media de paseo retomamos el camino hacia Trogir, donde está nuestro tercer alojamiento.
Salimos de Split siguiendo las indicaciones de Rijeka, y algo más adelante ya indica Trogir. Cuando no lo indique debéis tomar por buena la dirección de Sibenik. Vamos por la carretera 8 y salimos en la segunda salida que indica Trogir. Al llegar al primer cruce giramos a la derecha hacia el 'Camping Vranija'. A poco menos de 4km aparece nuestro Aparthotel Astoria, con parking suficiente.
El apartamento es grande: comedor con cocina, una habitación, baño y dos balconcitos. El aire acondicionado es impagable. Aqui estaremos 3 noches, en total 327€ con desayuno incluido.
Para no movernos de allí y descansar lo antes posible decidimos comer en el restaurante del hotel. La comida tarda en exceso y el sueño gana terreno. ¡Por fin, la comida! Una ensalada y tres enormes platos, por 333kn. Todo muy rico.
Después de una siesta de libro nos acercamos a Trogir pueblo en coche. Para variar aparcamos pagando, 6kn/h, en un parking grande que hay frente a un supermercado 'konsum', a escasos 100m del centro histórico.
¡Trogir es otro pueblo de paseos extraordinarios! Recovecos, rincones, patios, casas antiguas, placetas, campanarios, iglesias, luces, gente, tiendas, restaurantes... ¡Qué bien se está de vacaciones, coño!
Subimos a la fortaleza de kamerlungo, a 15kn, niños gratis; paseamos por el muelle y nos deleitamos con los maravillosos edificios que bordean la plaza Ivana Pavla II (la del Ayuntamiento). Rematamos la tarde con una premio para la peque: la feria. Se sube a varias atracciones al módico precio de 4kn, y regresamos a cenar a nuestro apartamento. Los ojos se vuelven a cerrar..., y a cerrar..., y a... ce...rrar... y... a... c... Zzssss!
Sábado, 1 de agosto
Nos despertamos a las 7:00h. Hoy vamos a hacer una excursión a un parque natural. El desayuno del hotel, a base de café, mermelada y embutido, no mata.
Vamos en coche hacia el Parque Nacional de Krka: salimos hacia Trogir y enseguida indica Sibenik. Seguid la carretera y pasado Prgomet se debe tomar la autopista, de pago, dirección Zagreb. Se toma la salida 21 y se continua dirección Skradin.
A la entrada de Skradin hay un parking de tierra, a 30kn por tiempo ilimitado, si bien hay que andar unos 10 minutos, siempre recto, hasta llegar al paseo marítimo donde está el centro de atención del Parque Nacional: adultos 95kn, y niños mayores de 7 años, 70kn. Hoy la peque sólo tendrá 6 años.
Saliendo de la agencia, a 50m hacia la derecha se coge el barco que nos lleva hasta la entrada al parque (el barco está incluido en la entrada). En unos 15 minutos nos deja en un pequeño embarcadero en el río, donde comienza en sí el parque.
El calor es sofocante y pegajoso. Andamos unos 200m, y..., y...., y... ¡Sorpresa!
Uno de los momentos más mágicos y alucinantes del viaje: una gran cascada, la Skradinski buk, en la que nos podremos bañar. Nos falta tiempo para ponernos las chancletas y enseguida estamos en el agua.
¡Qué passssada!
En plena naturaleza, con una enorme cascada junto a nosotros, y dándonos un baño de alucine.
¡Impresionante!
Estamos más de una hora. Después descubrimos, a la izquierda, otro rincón donde hay varios saltos de agua. Nos colocamos debajo a modo de ducha. ¡Waauuu! ¡Magnífico!
Al salir reposamos un poco en el merendero que tienen montado. Sacamos los bocadillos que llevábamos hechos, compramos unos cafés a 12kn cada uno, y a descansar un rato, y a creernos que todo aquello nos está pasando de verdad.
Proseguimos la ruta por el parque, por un camino claramente indicado. Vemos la gran cascada desde diferentes ángulos, a cada cual más espectacular. En el camino hay continuamente fuentes, por cierto de agua potable, así como baños.
Después de casi 3 horas en el parque decidimos coger el barco de vuelta a Skradin. Se nos ha hecho la hora de comer y lo hacemos en el Restoran Marina, en pleno paseo marítimo de Skradin. Comemos de menú, decentemente, por 270kn.
El calor nos gana. Continuamente compramos agua. Vamos a descansar bajo una sombra junto a una playa improvisada en el puerto de Skradin. Unos niños se bañan pero el agua no parece excesivamente idónea. La peque mete las piernas, pero las algas la echan rápidamente.
Tras el descanso proseguimos ruta, ahora hacia Sibenik. Retomamos la autopista y en apenas 30 minutos nos presentamos allí. Aparcamos en zona azul, en el paseo marítimo, a 5kn toda la tarde. Estamos a unos 100 metros de la catedral de Santiago, verdadero motivo de la visita.
Al entrar en la catedral nos hacen tapar hombros y piernas. Yo llevo una ridícula falda larga y todavía no entiendo por qué. ¡Sigamos! Una boda espera a las puertas de la catedral y la visita es más rápida de lo deseado. Grabo deprisa, antes que nos echen, y al minuto una 'cuidadora' me recrimina estar grabando. Debe ser que el undécimo mandamiento, el que se borró de las tablas de Moisés, prohibía grabar en las iglesias.
La catedral era bonita, pero las prisas y las recriminaciones no nos permitieron disfrutarla. Al salir paseamos por las estrechas calles de Sibenik, pero rápidamente nos dimos cuenta que esta ciudad no gozaba del encanto de otras. Es una visita prescindible teniendo en cuenta las maravillosas visitas de Dubrovnik, Korçula, Trogir o Hvar. ¿Queda claro?
Regresamos al apartamento, momento que aprovecho para comprobar la rueda: efectivamente está pinchada. Reposamos escasamente una hora y de nuevo nos presentamos en Trogir para callejear un poco y cenar. El ambiente es magnífico. La temperatura muy agradable.
¡No os perdáis este pueblo!
Al regresar en coche hacia el apartamento me doy cuenta que nuestro hotel, pese a tener buenas instalaciones está algo alejado del centro. En este sentido hubiera sido mejor alojarse en el 'Apartamentos Bellevue', al cual se puede ir caminando desde el pueblo, ya que está junto al 'konzum' de la entrada al parking.
Domingo, 2 de agosto.
Nos despertamos con calma y bajamos a desayunar. Esta mañana iremos a la playa de 'Medena', a escasos minutos del hotel. Como es temprano encontramos un buen sitio son sombrilla y hamaca a 20kn (evidentemente sin sombrilla y hamaca es gratis, pero asfixiante).
¿Vamos a ver peces? Enseguida nos damos cuenta que esta playa tien menos encanto, está mas abarrotada y el agua es menos cristalina. Alquilamos una de esas barcas-patín con tobogán y mi hija se lo pasa en grande, pero peces ni rastro.
Después de perrear unas tres horas fuimos a comer al apartamento, después de lo cual hicimos una reparadora siesta para la que tarde-noche diera más de sí. Después volvimos a Trogir, que es un pueblo que enamora, y visitamos la pequeña pero bonita catedral de San Lovro, y nos hartamos de perdernos por sus callejones.
Cuando la noche empezaba a caer fuimos en coche a Primosten. Es un recorrido de unos 30 minutos, bordeando el mar. En Primosten hay multitud de puestos de souvenirs, y la playa tiene una pinta excelente, de guijarros, cómo no; pero la población, desde el punto de vista arquitectónico o monumental no ofrece nada. Pese a esto dimos un agradable paseo hacia la iglesia, el punto más elevado, pero ni fu ni fá; y después de algo más de una hora regresamos al apartamento donde cenamos, rehicimos las maletas y..., ¡a dormir!
Lunes, 3 de agosto.
Nos despertamos sin prisa e hicimos, en el hotel, un monótono y aburrido desayuno. Hoy vamos hacia los lagos de Plitvice. Ojo, porque esto son palabras mayores. La idea es llegar por la tarde, descansar mucho y mañana visitarlos a primera hora para evitar aglomeraciones.
Con el coche cargado vamos a una playa a hacer tiempo. Aterrizamos en la playa de 'Marina'. Es una playa muy familiar, pero el día ha salido algo ventoso y empeora por momentos. Pasadas dos horas seguimos ruta parando en Primosten para comer. Lo hacemos en la terraza de un restaurante, absolutamente solos, y con un viento más que considerable. Eso sí, el arroz negro y los calamares rellenos estaban deliciosos (230kn).
Proseguimos el viaje hacia los lagos: primero dirección Sibenik, y allí se coge la autopista de pago (49kn).Al entrar en la autopista me quedo solo despierto. ¿Lo pilláis? Me voy refrescando la cara pues, entre que acabamos de comer, y que pese al viento estamos a 35 grados, voy que me duermo. Después de unas dos horas cogemos la salida 13 y se siguen las clarísimas indicaciones de 'Plitvicka Jezera'.
En la carretera hay diversos puestos que venden queso y licor de cosecha propia. El paisaje vuelve a ser muy verda, se denota que llegamos a una zona de seductora naturaleza. Al aproximarnos a los lagos sorprende la incontable cantidad de casas en que se ofrece alojamiento. El nuestro nos cuesta encontrarlo, ya que no está en la carretera principal. Al final lo encontramos: House Tina. Es una especie de casa rural, sin grandes pretensiones, con 8 habitaciones. La nuestra es una triple que contratamos a través de www.booking.com, y por la que pagaremos 80€ en A.D.
Nos instalamos con lo imprescindible para no descargar las maletas del coche, ya que mañana a primera hora, visitaremos los lagos y después continuaremos ruta hacia Istria. Tras una reparadora ducha, y viendo que la oferta gastronómica junto al alojamiento era nula, cogimos el coche para acercarnos a un restaurante a pie de carretera: Restaurante Degenija (a unos 3 o 4 km en dirección a los lagos). Cenamos calamares fritos, pizza, queso y verduras por 220kn; y después a dormir.
¡Y ese fue el problema: dormir!
O mejor dicho, no dormir, ya que el calor era sofocante y no había aire acondicionado. Pasadas las 12 de la noche y sin conciliar el sueño, de repente oigo tronar, luego llover, para acabar diluviando. ¡Mañana el parque estará enfangado! Durante toda la noche los ratos de lluvia se iban alternando. Ni con la ventana abierta hay manera de echar un sueñecito de media hora. ¡Qué calor! A las 7:00 de la mañana suena el despertador. ¡Maldinta la gracia, ahora que me había dormido!
Martes, 4 de agosto.
¡Bueno, va!
Con más sueño que otra cosa pienso en la excursión de hoy y me levanto de un salto. ¡Venga!
Bajamos a desayunar: pan con mantequilla y mermelada, tortilla, café, zumo y embutido. La señora es muy cordial, pero hemos dormido fatal. Cuando nos despedimos pienso que es el único hotel donde no repetiría, sobretodo por la ausencia de aire acondicionado, si bien, en su descargo, debo decir que yo, al contratarlo, ya sabía que no lo había, si bien había leido que era una zona más bien fresca.
En apenas 10 minutos nos presentamos en la entrada del parque (www.np-plitvicka-jezera.hr). Abren a las 7:00h; precio 110kn, niños gratis). Llueve considerablemente. Este parque está pensado en base a una serie de rutas, de diversa distancia, marcadas con una letra. Nosotros queremos hacer la 'C', que mezcla caminar, un paseo en barco y buena parte de la vuelta en un pequeño bus. Se hace en poco más de 4 horas.
Para hacer la ruta 'C' debéis acceder por la entrada 2 del parque (la otra, la 1, es la de los hoteles concertados con el parque). Dejamos el coche en el parking a 7kn/h.
Es curioso, ahora nos ponemos incluso los chubasqueros ya que llueve mucho y además hace hasta fresco. ¡Después de la noche de calor que hemos pasado...!
Enseguida empieza el espectáculo: un lago, peces, arboledas, pasarelas de madera, otro lago, arbustos, más peces, agua critalina, paseos, saltos de agua, lagos azul turquesa, más peces, sigue lloviendo, precioso, cascadas, cuevas, poca gente, otro lago, más y más peces..., agua transparente, ahora llueve más..., fotos..., peces... ¡Es-pec-ta-cu-lar! ¡Maravilloooooossssoooo!
De momento la lluvia ha espantado a los turistas y recorremos aquel paraiso acuático prácticamente solos. En apenas un rato la lluvia ha dejado lugar a un imponente sol, y el paisaje redobla, si cabe, su hermosura. El agua adquiere otra tonalidad.
¡Es alucinante, de verdad!
¡No se pierdan esto, señores y señoras!
Hemos pasado por el lago Milanovac, de azul turquesa impresionante; cruzamos pasarelas, vemos cuevas, saltos de agua y miles de peces al alcance de la mano. Siguiendo la perfectamente señalizada ruta 'C' llegamos a una caseta desde donde pare el barquito que sigue esa ruta cruzando el lago Kronjac. Allí continua el espectáculo pasando por nuevas cascadas y más saltos de agua.
Después de caminar un buen rato llegamos a otro merendero. Aquí comimos nosotros (hay restaurante); y aquí se coge el bus (marcado como 'st4') que da la vuelta por el otro lado de los lagos y te deja en el punto 'st1', a unos 10 minutos del punto de partida, con unas vistas fantásticas de los lagos desde una posición más elevada.
¡Ha sido maravilloso, inolvidable!
Todavía emocionados retomamos la ruta en coche hacia el siguiente destino: Porec. Bajamos por la E71 para coger la autopista en Otocac (por cierto, hay que cruzar esta población, y 5km después se entra en la autopista de pago, 62kn). Después seguimos las indicaciones de Pula, pasando por el Túnel de Ucka (28kn), y poco después ya indica siempre Porec.
Al instalarnos en el hotel ya vimos que era diferente. Para rematar el viaje había contratado (www.valamar.es) una especia de resort en el que pasaríamos los últimos 5 días. El Hotel Valamar Crystal es fenomenal: grandes espacios, buenas instalaciones, piscinas, bares, animación por las noches, club infantil..., y junto al hotel una serie de servicios tales como toboganes de agua, ping pong, alquiler de bicicletas, quads, minigolf..., todo esto aderezado con preciosos y cuidados caminos y el imprescindible mar a escasos 150 metros. Disfrutamos de este ambiente hasta la cena y después a dormir.
Miércoles, 5 de agosto.
Al despertarnos bautizamos el día como 'el de la rueda', ya que hoy devolvemos el coche y esperamos no tener problemas. Después de desayunar nos acercamos en coche a Rovinj (unos 40 minutos), pasando por el Canal Limski, una especie de mini-fiordo pero que desde la carretera no se aprecia para nada.
En Rovinj aparcamos a 6kn/h junto al puerto, hacia la derecha mirando al mar. Rovinj es bonito para pasear. Hay muchas tiendas y la gran mayoría de las calles son empedradas. Nuevamente vimos casas antiguas, callejones, recovecos... Subimos hacia la catedral de Santa Eufemia: visitable. Yo subí a la torre, 10kn, por unas minúsculas escaleras de madera. Arriba la brisa me alivió del esfuerzo, y las vistas al mar justificaron el precio.
Después seguimos el paseo, haciendo fotos a callejones que ofrecen salida directa al mar. Comimos en el Restaurante Fortuna, en el puerto, por 240kn, si bien no lo recordaremos especialmente. Hace muchísimo calor y la poca clientela no debe dar suficiente como para enceder los ventiladores del techo.
Abandonamos Rovinj con buen recuerdo, si bien ha dejado de ser la villa pescadora que había leido, y sobre la cual muchos otros viajeros hablaban maravillas.
Vamos directamente a devolver el coche, no sin antes parar en una gasolinera a hacer los honores: inflar la rueda pinchada de manera que aguante unos días antes de notarse el pinchazo.
Devuelto el vehículo damos un paseo por Porec: paseo bonito, centro antiguo peatonal y buen ambiente.
Como no encontramos la parada del trenecito turístico que lleva hacia los hoteles de la costa (entre ellos el nuestro), decidimos volver caminando, bordeando el litoral. Es muy bonito. Descubrimos playas de roca, pinedas donde descansar, toboganes, chiringuitos, alquiler de bicicletas, pistas de tenis..., éste lugar es en sí un sitio para pasar las vacaciones y casi no moverse de allí.
Llegados al hotel la peque y yo vamos a probar una de esas playas de roca, donde unas grandes olas, que rebotasn en las rocas, hacen las delicias de los niños. El mar está algo revuelto, pero todo el mundo se baña y... nosotros no somos menos.
Exhaustos de nadar contra la olas nos duchamos y fuimos a cenar, y momento después los protagonistas fueron los niños, ya que los monitores lanzaron al agua aros, inflables y pelotas, y les dejaron bañarse hasta cansarse.
Mi hiJa no faltó a la cita y tras hora y media jugando cayó rendida.
¡A dormir!
Jueves, 6 de agosto
Nos despertamos hacia las 9:00h.
Desayunamos y bajamos a la piscina, donde estaremos toda la mañana.
Para comer nos acercamos a uno de los chiringuitos de la playa (Grill Alan). Como en el hotel vamos de self service hoy nos toca ensalada y algo ligerito (192kn).
Después fuimos a Plava Laguna, una zona hotelera junto a la nuestra, donde mientras mi mujer descansa bajo los pinos, la peque y yo nos lo pasamos pipa bajando por un tobogán (1 hora, 30 kn).
Por la noche fuimos a Porec. Lo hicimos andando. Son 20 minutos de un más que agradable paseo junto al mar. La temperatura acompaña.
Paseamos por el centro de Porec, calle Dekumanus arriba y abajo. Las tiendas abren hasta tarde. Acabamos el día en la feria de atracciones, donde mi hija griataba aquello de 'Otra...otra... otra...' y yo bajaba mareado perdido.
Regresamos al hotel, esta vez en el trenecito: 10kn/persona. El traqueteo del trenecito nos adormece; empieza a notarse el cansancio acumulado de 12 días en Croacia.
Viernes, 7 de agosto
Igual que ayer, pasamos la mañana en la piscina. ¡Ya es esto lo que toca!
Al mediodía vamos a Porec a comer y aprovechamos para visitar la Catedral de San Eufrasio: muy recomendable. Gratis.
Comimos en el Restaurante Holiday: pizza, carne con patatas y macarrones por 140kn. Después regresamos al hotel, donde pasamos la tarde tumbados en la piscina hasta que la oscuridad gana terreno. Tras la cena, un espectáculo sobre Juegos Olímpicos arranca nuestras risas.
Sábado, 8 de agosto
¡Buenos días! Se nos acaba el viaje y hoy tenemos previsto estresarnos de la piscina a la tumbona y viceversa. Para ello hemos montado una estrategia: "La batalla contra los alemanes".
Hemos venido observando que los alemanes tienen un carácter firme y constante (lo que nosotros diríamos cabezones): se levantan siempre a la misma hora, desayunan lo mismo cada día, se inflan a cerveza..., pero uno de los detalles que les caracterizan es que monopolizan la zona de tumbonas de la piscina. Dudo que hagan guardia por la noche para escabullirse y ocupar todo el solarium, pero algún secreto deben tener.
También hemos observado que los italianos, antiguos aliados de aquéllos en otras grandes batallas, han aprendido a contraatacar y ahora ya controlan desde primeras horas amplias zonas.
Hoy, nuestro último día de viaje, creeemos haber descubierto el secreto del santo grial: alemanes, y sus aliados italianos, se despiertan a horas intempestivas y, antes de hacer su primera meada y quitarse las lagañas, avanzan con sus toallas en la mano, despistan al enemigo y ocupan zonas estratégicas de la piscina.
Pero hoy, solo despertarnos, hemos enviado una avanzadilla y peses a que el 80% del solarium ya estaba ocupado por toallas enemigas, os puedo escribir estas líneas desde una tumbona y bajo un parasol. ¡Qué fuerte, nen!
Logrado el objetivo vamos a desayunar. Como cada día la misma camarera nos prepara la mesa. Debe haber trabajado toda la noche pues el cansancio le puede. Arrastra los pies y el único afán de cobrar a final de mes le impulsa el cuerpo. Camina con desgana y nos hace acercarle los platos, pues estirar los brazos sabe que puede provocar alguna lesión. Pese a todo, como cada mañana, nos desea 'Buon Giorno e Buon Apetito'. Cada vez que pasa junto a nosotros balbucea los mismo: 'Buon Giorno e Buon Apetito'. Le hemos pedido agua y ha respondido... 'Buon Giorno e Buon Apetito' y si le hubiera dicho que se estaba quemando el hotel..., pues eso..., 'Buon Giorno e Buon Apetito'.
Como mínimo esto ha servido de anécdota que ahora escrito sentado en mi tumbona, infiltrado entre las líneas enemigas.
¡Y así avanza el día!
¡Y así vamos acabando las vacaciones!
Hace meses, mientras preparaba el viaje con mi guía de Lonely Planet me imaginaba un país con reminiscencias de la guerra, un país que no iría mucho más allá de un tercer mundo, con un turismo de mochila al que encontrarse un país retraido no le daba miedo. Casi, por así decirlo, un turismo de post-guerra.
Conforme fui entrando en los foros de www.sobrecroacia.com, y www.losviajeros.com, leía opiniones que endulzaban un poco mi idea inicial. Aun así seguía imaginando casas derruidas, señales de balazos en las fachadas, el luto de los croatas e incluso grupúsculos semi-armados en las zonas más rurales.
Y lejos de todo esto he encontrado casas remozadas, turismo atractivo, ciudades engalanadas, magníficas calas, pueblos limpios, callejones fotografiables, iglesias, fuentes, plazas, parques..., vendedores de fruta y queso en los lugares más remotos..., pero ante todo me ha quedado en la memoria el paisaje verde durante kilómetros y kilómetros que, de momento, la construcción no ha logrado destrozar.
Eso sí, ese paisaje verde no es más que el telón de fondo del verdadero protagonista de este viaje: el mar. El mismo mar que vio navegar a griegos, romanos o venecianos. El mismo mar en que nos dimos el primer chapuzón en Dubrovnik, o en el que compartimos espacio con decenas de peces en la playa de Milna, en la isla de Hvar. El mismo mar en el que nos bañamos en Trogir..., incluso el mismo mar donde el oleaje nos arrastraba contra las rocas en una cala de Porec.
Son aquellos paisajes agrestes surcados por ríos y que forman espectáculos como las cascadas del Parque Nacional Krka, o los lagos azul turquesa del Parque Nacional Plitvice. Y es este mar el que otorga belleza a ciudades maravillosas como Dubrovnik, con sus calles peatonales, o los callejones de Korçula, o el laberíntico Trogir.
Es también el mismo mar que se oía de fondo en los inolvidables paseos de Hvar y, como no, el mismo mar que nos vio ponernos morenos bajo el sol de Istria.
Con todo eso me quedo. Han sido 15 días extraordinarios y que repetiría sin ninguna duda. Probablemente prescindiría de la sosa Sibenik, y de nuestra ventosa visita a Primosten, y a cambio..., a cambio haría una excursión a las Islas Pakleni desde Hvar, o tomaría el sol en la Playa de Bol, en la Isla de Brac, o pasearía por las murallas de Ston, o quizás me daría un baño en una playa de Brela o Makarska, o indagaría en los publecitos de Motovun o Buzet en Istria, o tal vez visitaría las iglesias de Rab, o el anfiteatro de Pula, o...., o....,
Pero lo que de verdad haría es dejarme seducir por las aguas de los mil rincones que os aguardan en el Adriático.
¡Hvala,Hrvatska!
(Gracias, Croacia)
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