¡Ya tenemos coche!
Vamos en busca de Marsala, primer alojamiento. El hotel se llama Delfino Beach. Bonito edificio. Bonita piscina. Aparcamiento gratis. Desayuno decente. A un paso de la playa, y tiene espacio propio en la arena. Buen equipo de animación para niños. Está a 4 o 5 km de Marsala centro.
Marsala son cuatro calles y casi nadie paseando. No hace falta visitarlo. La playa de Marsala me gusta, puedes andar unos metros sin hundirte hasta el cuello. La niña lo agradece.
Siguiente excursión: Segesta. Es absolutamente imprescindible. No confundir Segesta-zona arqueológica con Segesta-pueblo (por algo lo digo). Solo llegar, parking gratuito. Para ver de derca el templo hay que pagar 6€ (niños gratis). Nosotros los pagamos y los volvería a pagar. Mas vale llevar gorra y agua. Los tacones mejor dejarlos para las bodas.
Hay quien sólo verá columnas de piedra, pero realmente es un templo del s.V aC.
¡Hay playas muy bonitas en la Costa Brava para el que no le gusten las piedras! ¡Y los refrescos en un super salen más baratos que en la terraza de un bar! ¡Esto va de viajes, señores!
Sigamos: visto el templo se puede subir a la zona del teatro. Hay dos opciones: pagar 1,50€ para subir en bus, que sale a la izquierda de la tienda-bar; o ir a patita, unos 30 minutos de subida gratuita.
Nosotros fuimos en bus pero reconozco que me hubiera gustado subir andando. Se pasa por unas ruinas etruscas, que si bien no son nada del otro mundo, ofrece su espíritu aventurero.
El teatro está bien, pero habiendo visto el templo todo sabe a poco. De nuevo bajamos en bus. Donde te deja se pueden comer unos paninos y ensaladas. No mata, pero para salir del paso...
Siguiente visita: Selinunte. Entrada: 6€. Tiene dos parkings. Nosotros fuimos directamente al segundo, al más lejano, para luego ir retrocediendo. Desde ese segundo parking se ven un montón de piedras antiguas tiradas por el suelo y alguna columna en pie. Decepciona un poco. En ese mismo parking, a mano izquierda, hay un estrecho sendero con sorpresa: lleva a una playa prácticamente solitaria. Buen baño, mucho sol y una preciosa playa de arena.
Retrocedemos hasta el primer parking y allí está la justificación del precio de la entrada. Atravesando por dentro la tienda de souvenirs se cruza a una pradera en la que se yergue majestuoso un precioso
templo. Ya estoy más tranquilo, no hemos pagado por pagar.
Siguiente visita: Erice. Nosotros fuimos casi de noche y ya nos pareció precioso. Por la tarde aún debe ser mejor si te dejan entrar a una de esas viejas iglesias. Hay muchas tiendas que invitan al paseo. La gente pasea y pasea hasta altas horas de la noche..., y las tiendas siguen abiertas.
Por cierto, un mal general en Sicilia es que las iglesias supongo que deben abrir a la hora en que nosotros hacemos la siesta...
De esta zona oeste de la isla ya hemos visto lo imprescindible. También podríamos haber ido a ver la playa de Castellammare del Golfo, o a la de San Vitro lo Capo, o incluso la Riserva Naturale dello Zingaro, pero como no fuimos no las puedo valorar.
Cogemos el coche para ir a Agrigento, segundo alojamiento. El hotel es el Colleverde Park. Está a 1,5km del centro y a escasamente 1 km de la zona arqueológica. Es un 4 estrellas al que se le podría quitar una. Trato correcto. Aparcamiento gratuito. Aire acondicionado. Se publicitan como 'con vistas a los templos', si bien sin prismáticos es como querer ver un ciervo en la luna.
Agrigento-ciudad es un dédalo espectacular de escaleras arriba y abajo en torno a la vía por la que todos pasean, la Vía Atenea. Callejuelas por las que apenas cabe una moto. El paseo vale la pena y meterse sin plano es toda una experiencia. El Duomo es..., perdón, debe ser bonito por dentro... porque estaba cerrado por reformas. El resto de iglesias son visitables pero de ninguna guardo una imagen especial en la retina.
La zona arqueológica: entrada 6€. Audioguía: 5€. Parking: 2€. ¡Lo más espectacular de Sicilia! No apto para los que se cansen caminando más de 300 metros. Sin gorra, agua y ganas más vale quedarse en el hotel.
Los diferentes templos son bonitos, pero quedan eclipsados por el espectacular Templo de la
Concordia. ¡Qué pasada!
Desde Agrigento te puedes acercar a la Playa de San Leone, a 5 km. Fuimos por la tarde y se está la mar de tranquilo. No se paga por aparcar. De vuelta a Agrigento no os perdáis la panorámica de los templos.
Por cierto, en Agrigento descubrimos los 'Brioches de Gelatto', espectacular bocadillo de helado y que será de las diez cosas que mejor recordarás de Sicilia.
Nos vamos de Agrigento. Nuestro siguiente destino es Taormina. Pero como la distancia es grande haremos un alto en el camino: 'Villa Romana del Casale', a 5 km de Piazza Armerina. Muy recomendable. Entrada: 6€. Se aparca en el margen de la propia carretera y un señor muy amable te dice que le debes pagar 1€. Mejor eso que no encontrarte el coche rallado a la vuelta. La Villa Romana en sí es espectacular y fácil de recorrer. Está tapada con cristaleras en plan invernadero por lo que te imaginas qué deben pensar los croissants cuando están en el horno. Hay muchísimos mosaicos y a cual más extraordinario.
Nos vamos. El coche está intacto. ¡Bendito euro! Cogemos la autopista hacia Taormina. Por cierto, cuando la carretera se desvía dejando de ir hacia Catania, no indica Taormina, sino Messina. Hay que tenerlo en cuenta.
Vamos bien. Mirando hacia la izquierda se va dibujando el perfil del Etna. Nosotros no hicimos la típica excursión y seguro que es interesante, pero hace unos días escupió algo de lava y hemos optado por la prudencia.
Llegamos a Taormina, tercer alojamiento. Devolvemos el coche, estos días no nos hará falta. El hotel se llama Villa Nettuno. Céntrico. Bonito palacete con sus cositas antiguas desparramadas por las diversas estancias. Yo sabía que el hotel era relativamente barato teniendo en cuenta los prohibitives precios de Taormina. Nos toca una habitación con balcón, con una espectacular vista al mar y con acceso directo a una terraza con mesa y sillas que nos servirán para cenar, y unas hamacas que me permitirán tomarme el postre a la luz de las estrellas. Pero..., ¿dónde está el aire acondicionado?
Ni On, ni Off. Un pequeño, diminuto ventilador hace las veces. Hubiera salido más a cuenta que mi abuela con 93 años abanicara toda la noche. ¡Qué calor! ¡Nunca más! Además, un día paseando leimos en un diario que hacía dos siglos que no se sufría tanto calor en Sicilia.
Taormina-ciudad es preciosa. Muchísimas tiendas chic y restaurantes. Callejuelas. Pasear es una delicia. Para bañarse en el mar hay que bajar en el Funivia , un funicular que te lleva en 3 minutos a la playa de Mazzaró. Bajar y subir son 3€, los niños también pagan. Saliendo del funicular y siguiendo recto se va directamente a la playa. Alquilar dos tumbonas y una sombrilla son 18€, pero es imprescindible si no quieres formar parte del inventario de la playa. Aviso: la arena-piedra quema como una condenada, no es broma. Aunque tu sombrilla esté a 4 metros del agua no dudes en coger las zapatillas y dejarlas en la mismísima orilla.
La Playa de Mazzaró es de piedras y cubre de seguida. A mi gusto pierde el encanto pero un baño cada veinte minutos es necesario.
Otro día descubrimos que saliendo del Funivia y caminando un poco hacia lacderecha se llega avotra playa. Era la famosa 'Isola Bella', una isla a la que se puede llegar andando atravesando una playa poco profunda.
El paisaje es precioso y llegar a pie a Isola Bella tiene su gracia. Tumbarse en la 'piedra-arena' es como sentir las sensaciones de un faquir en aquellas albombras de pinchos. Me baño en zapatillas, escasamente 10 minutos, ya que noto las algas rozándome por las piernas y esa sensación me mata.
La gente utiliza esta playa para tomar el sol, pero nadie se baña. Cuando salgo del agua la gente me mira y por un momento creo que me van a aplaudir.
Los demás días en Taormina paseamos y nos asamos de calor. Podríamos haber ido a la Golle dell'Alcantara, una excursión a una garganta natural por donde pasa un río en el que uno se puede bañar.
Nos vamos de Taormina, y por si alguien lo echa en falta, solo diré que sí que visitamos el famoso teatro, pero me pareció algo decepcionante.
Como no tenemos coche, viajamos a Siracusa, próximo destino, en bus..., bueno, en dos buses, ya que uno nos llevaría hasta Catania, donde cogeríamos otro hacia Siracusa. Llegamos al hotel. Se llama Grand Bretagna. Moderno. Pequeño. Muy bien. La habitación triple es muy grande. El aire acondicionado enfría que da gusto, y estoy por enviarle una foto al dueño del hotel de Taormina.
El primer paseo por Siracusa, un desastre. Dejamos la vía principal y en las callejuelas adyacentes se respira un aire de delincuencia e inseguridad que nos hace retroceder nuestros pasos. Durante los siguientes días veríamos que esa sensación se confirmaba.
Fuimos a Neápolis, el parque arqueológico de Siracusa. Para llegar cogimos el autobus 8, y nos bajamos donde indicaba Teatro Griego en la Vía Tenacati. Se debe ir a la izquierda y encontramos Neápolis. Entrada: 6€. Se ve un teatro griego, un anfiteatro romano, una serie de cuevas y, aunque parezca mentira, lo que más impresiona es 'La Oreja de Dionisio'. Id a verlo.
A la salida de Neápolis hay un bareto donde sirven comidas que no recordaréis especialmente.
En su día Siracusa debió ser bonito, pero hoy esa sensación de inseguridad la afea. Paseas con un ojo en la cartera y eso le resta encanto al viaje.
Al día siguiente hicimos una excursión a Noto. Vamos en bus, que se coge al lado de la estación de ferrocarril. Ida y vuelta: 4'40€. Los niños no pagan. El trayecto dura 1 hora.
Noto lo había marcado como imprescindible. Es una ciudad toda barroca, parece bien cuidada. La Catedral la habían limpiado días antes y relucía, pero a mi personalmente me supo a poco la ciudad. Las iglesias eran más bien sosas y no hay una zona por la que pasear sin coches.
Volvimos a Siracusa. Hicimos la maleta y al día siguiente por la mañana alquilamos un coche para ir a Cefalú. El viaje es tranquilo, prácticamente todo autopista (0,80€ por todo el trayecto). El hotel se llama Villa Belvedere. Es feo, los dueños miran por su dinero, pero tiene piscina. El desayuno no llega ni a justito, pero tiene piscina. Además tiene aparcamiento gratuito y aire acondicionado. Al centro se puede ir andando.
Cefalú es precioso. Invita al paseo. Bonita y minúscula playa urbana. Todos los caminos pasan por la Piazza del Duomo. Por nada del mundo dejéis de entrar. Con eso está todo dicho.
Una tarde bajamos a la playa larga de Cefalú. Las zonas reservadas a las sombrillas se alternan con trocitos de arena donde se apelotona la gente.
Solo entrar al agua hay muchos guijarros que entorpecen el baño, pero unos metros más adelante las piedras dejan paso a la arena y el baño se hace muy agradable. Vimos una puesta de sol en plena playa que sí que guardará mi retina.
El día anterior a nuestra vuelta a casa dudamos si hacer o no una visita a Monreale, un pueblecito a 8km de Palermo, por tanto. A 75 de Cefalú. Después de mucho pensarlo nos animamos a ir. Monreale en sí no merece la distancia, pero admirar la Catedral (gratuita) es, seguramente, lo mejor de Sicilia. Es realmente espectacular. Imprescindible. Extraordinario. No dudarlo.
Saliendo de la catedral, a la derecha de la fachada se accede al Claustro. Entrada: 6€. También vale la pena visitarlo.
Volvimos al hotel, una duerme la siesta y otros nos bañamos en la piscina. Por la tarde, tras el apacible paseo por Cefalú, preparamos las maletas, ahora para volver a abrirlas ya en casa. Habrán sido 15 días inolvidables, como inolvidable será la puscina de Marsala, o el Templo de Segesta, o el de Selinunte, las calles empedradas de Erice, las escaleras de Agrigento, o sus 'brioche de gelatto'; la calma de la playa de San Leone, la imagen del Templo de la Concordia o los mosaicos de la Villa Romana del Casale. Incluso será inolvidable el sofocante calor de Taormina y la inseguridad latente de Siracusa; y como no, los paseos de Cefalú o Taormina y los Duomos de la misma Cefalú y especialmente el de Monreale.
El vuelo de regreso va bien. Puntual. Ya en Barcelona las maletas tardan una etenidad..., ahora las anuncian, ahora no... Cuando por fin salen, ya hemos perdido el autobus, y tras 50 minutos esperando al siguiente, nos toca volver a casa de pie en el pasillo de un autobus que va a tope.
¡Benvenuti a l'Spagna!
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