jueves, 26 de mayo de 2011

COPENHAGUE 2011

Hoy es jueves 26 de mayo y mientras mis pajarillos duermen escribo las primeras líneas de este agónico viaje.

Y digo agónico porque el pasado domingo a un volcán de nombre impronunciable se le ocurrió entrar en erupción en Islandia.

¡Qué bonita es la naturaleza en estado puro!

El lunes pasado todo parecía muy lejano, las cenizas del volcán aún humeaban por Islandia y asomaban la nariz por Escocia, mientras admirábamos por televisión la majestuosidad de tan hermosa erupción.

Pero el martes, conforme avanzaba el día, los adjetivos hacia el volcán se fueron exacerbando pasando del 'maldito' al... bueno, ya os podéis imaginar. La ceniza se había extendido por el norte de Europa, o sea, Alemania, Noruega, Dinamarca..., y el miércoles el espacio aéreo de esas zonas quedó bloqueado algunas horas.

¡Adiós viaje!

Suerte que tenemos un plan B: Port Aventura.  ¡No te engañes, Rafa!

El miércoles 25 de mayo la nube cenicienta se ha acomodado por encima de Noruega y todo parece indicar que podremos volar.

Ya en el aeropuerto, en esta mañana de jueves, Spanair anuncia retraso y nos vuelven los miedos. Llevo tiempo preparando este viaje y me conozco Copenhague al dedillo pese a no haber puesto un pie en esa ciudad. Me fastidiaría bastante anular el viaje.

A las 11:00h por fin embarcamos, pero cuando en el reloj dan las 12:00 el avión aún no ha despegado. ¿Habrá movido el viento aquella rara nube de ceniza? Finalmente, cualquier atisbo de duda queda disipado cuando echamos a volar; nos damos las manos, como siempre y echamos  a volar...

...Bueno, como siempre no, porque hoy, señoras y señores, por primera vez, en primicia para mi diario, inicia su recorrido internacional, se estrena en la dura labor de viajera aventurera..., nuestra inigualable, magnífica y talentosa segunda hija, que no llega ni al año de edad.

¡Un aplauso, sosos!

Tras 2h45' de vuelo aterrizamos en Copenhague, donde andamos un buen rato hasta recuperar nuestro 'baggage' y después, solo salir por la puerta de 'nada que declarar' vamos al punto de información, hacia la izquierda, a comprar la Copenhaguen Card (la de 72h, 459 coronas por adulto; cada menor de 11 años gratis con 1 adulto; más información en visitcopenhaguen.com).

Seguimos las indicaciones de TOG, que es una especie de cercanías, buscando el tren que nos lleve hacia el centro de la ciudad y apenas 100m más allá ya lo tenemos.

¡Demasiado fácil!
Y el tren nos espera en el anden.
¡Sí hombre, y que más!

Me acerco a un operario y en un perfecto inglés le pregunto:
          - Sentral Steixon, pliss? -señalando con el dedo hacia el tren del andén.
La respuesta es concisa:
          - Yeeahhh¡

Pese a todo dudo como una monja en bañador y envío a mi mujer, que tiene un inglés algo más depurado a que lo vuelva a preguntar. La respuesta es la misma, o sea, que aquel operario era un verdadero experto en 'sentral steixon'.

El viaje, gratis. Bueno, bueno, quiero decir que con la Copenhaguen Card (CPH para no hacerse pesado) tenemos gratis todo el transporte público. Para los más listillos decir que pasó la revisora.

Hacemos 3 paradas y en poco más de 12 minutos aparecemos en la ya conocida por los lectores Central Station.

Al salir a la calle comprobamos que hemos cambiado el calor de Vilanova por el fresco de Copenhague. Miro a mi alrededor como creyéndome que ya estamos aquí. ¡Ni nube volcánica ni ostias!

Vamos a visitar nuestro decimonoveno país. Sí, sí, el 19..., para los de letras.

Andamos cargados con las maletas hasta encontrar el hotel. Se trata del Hotel Alexandra, contratado por internet en www.alexandra.dk. Se trata de un hotel con una sensacional ubicación, a un tiro de piedra del Radhus, Ayuntamiento, uno de los centros neurálgicos de la ciudad.

Después de instalarnos preparamos los ingredientes para que este diario tuviera sentido: fuimos en busca de la ciudad.

En primer lugar nos dirigimos, precisamente, hacia el edificio del Ayuntamiento, majestuoso y con una torre altísima. Sé que se puede visitar por dentro, incluso se puede subir a aquella torre pero ya son más de las 5 de la tarde y está cerrado. ¡Ya lo veremos mañana!

La plaza del Radhus es un vasto terreno a los pies del Ayuntamiento, pero las obras la afean sobremanera. Desde la plaza se ven otras dos torres: la primera, la del impresionante Hotel Palace; y la segunda, de sencilla estructura de ladrillo pero donde destaca una plataforma antaño móvil, en la que por un lado aparecía la figura de una señora con un paraguas (para indicar que llovería), y por otro una chica en bicicleta (pronosticando buen tiempo).

Hoy acusamos cierto fresquito pero hemos visto y veremos el resto de días que las bicicletas inundan la ciudad; de hecho, hay carril bici, semáforos bici..., y todo tipo de complementos pata bicis y biciclistas.

Proseguimos nuestro paseo por la famosa Stroget, la calle peatonal-comercial más larga de Europa.

Ganamos metros entre tiendas de souvenirs y puestecillos de crepes y helados hasta llegar a un espacio abierto formado por dos plazas: a la izquierda, la Gammeltorv, dominada por la Fuente de Caritas, sencillamente adornada; a la derecha, la Nytorv, por la que bajamos en busca del Domhuset, actual sede de los tribunales. Unas enormes columnas de nula decoración y atractivo le dan entrada. Ambas plazas son una auténtica decepción: falta ambiente, color..., estructuras que despierten la atención.

Pese a que Stroget representa un atractivo paseo salimos hacia la izquierda buscando los callejones cercanos a la Universidad.

Vemos, en Fiolstraede, un romántico rincón donde apetece pararse a cenar y, pese a que numerosas mesas ya están ocupadas, son apenas las 6 de la tarde y el hambre brilla por su ausencia.

La cercana 'Vor Frue Kirke', Iglesia de las Mujeres, está cerrada y por fuera no incita a visitarla. Ya había leído que las iglesias en copenhague eran puramente funcionales, pero uno se espera unas columnas, una torre, un campanario, no sé..., algo.

Decidimos volver a la Stroget pasando por otra plaza, la Grabrodretorv, repleta de restaurantes al aire libre. Es una plaza coqueta, con suelo de adoquines y bonitas casas de colores, y en medio de la plaza una de las fuentes más horrorosas del planeta Tierra.

Si os falta empleo creo que en Copenhague hay una vacante de 'fuentista', porque peor no se puede hacer.

Seguimos buscando la Stroget y nos topamos con la 'Hellingandskirken', Iglesia del Sagrado Corazón, que pese a estar cerrada tampoco anima a entrar. De hecho, hoy en día, tiene usos no religiosos.

Retomamos la Stroget a la altura de la Amagertorv. Esta ya es una plaza de mejor factura y mayor encanto. Los comercios aquí son más elegantes, y en uno de sus extremos vemos la fuente de turno. Pero en esta ocasión es una fuente decorada con cigüeñas y cuyos caños lo forman unas graciosas ranas. ¡Estas fotos sí que valen la pena!

Hacia abajo, otro gran espacio, la Hojbro Plads, con una estatua ecuestre del Obispo Apsalon, fundador de la ciudad, en la que otra vez las obras nos recomiendan no adentrarnos. No olvidemos que vamos con un cochecito de bebé.

Seguimos, pues, la Stroget y pese a que los comercios empiezan a echar el cierre, el ambiente es muy agradable.

El paseo nos lleva hasta la Kongens Nytorv, dominada por una estatua ecuestre y una pequeña arboleda que le quita la sensación de plaza. Pero mucho más allá de esto, la Kongens Nytorv representa la entrada a la zona, sin duda, más fotografiada de Copenhague: el Nyhavn o Puerto Nuevo.

Una enorme ancla, homenaje a los marineros muertos en la Segunda Guerra Mundial, es el punto de partida de este hermoso canal en el que encontramos la salida de los barquitos turísticos que recorren el Estrecho, así como un montón de preciosos barcos de madera y, sobre todo, una retahíla de casitas de vivos colores, adosadas, formando un conjunto inseparable.

En sus bajos se abren restaurantes y bares de copas, con precios poco razonables donde los turistas disfrutan de sus vistas.

Cruzamos el canal para contemplar el paisaje desde otra perspectiva y el panorama no decepciona para nada.

El cielo se está poniendo gris por momentos y, aprovechando la gratuidad del transporte con la CPH card, cogemos el Metro para acabar en Vesterport. Ahora toca darle un premio a Andrea que, hasta el momento, se ha comportado como una campeona: nos dirigimos al Tivoli.

¿Qué qué es el Tívoli?
El Tivoli son unos jardines muy antiguos y muy bien cuidados.

¡Vaya premio, no!

Bien, digamos para ser más exactos, que son unos jardines donde hace más de un siglo alguien decidió poner una atracción para niños..., y a aquel alguien le siguieron otros, de manera que se ha convertido en el Parque de Atracciones más antiguo de toda Europa (informacion práctica en www.tivoli.dk).

Hoy en día es una visista imprescindible. Con la CPH card la entrada al recinto es gratuita, pero no así sus atracciones. Para poder subirte en ellas hay dos maneras: comprar tickets sueltos a 25 coronas cada uno, teniendo en cuenta que en cada atracción piden 1,2 o 3 tickets dependiendo del nivel de la atracción; o comprar,a 195 coronas, una pulserita que te permite subir cuantas veces quieras a todas las atracciones.

Además, una curiosidad que debería importarse a otros parques es que se pueden comprar dos pulseritas y que ambas se las coloque el niño/a, de manera que siempre le podrán acompañar en la atracción el padre o la madre indistintamente, sin necesidad de comprar 3 pulseritas.

Pero hoy solo hemos venido a disfrutar un rato de este ambiente, a hacernos una idea de la magia del parque.

Aquel cielo gris es ahora lluvia. El frío se ha intensificado y nos cubrimos con chubasqueros los escasos minutos que dura la lluvia. Los daneses apenas se inmutan por aquellos chubascos.

Y así va cayendo la noche, y con la noche aparecen las luces del parque, unas luces que le dan una tonalidad fantástica..., y va cayendo un chubasco..., y otro..., y otro..., es una lluvia fina, de corta duración, que hace mella en el cansancio acumulado de todo el día de viaje, hasta que decidimos volver al hotel, cenar algo y uno a uno caemos rendidos.

El último soy yo. Antes de dormir escribo unas líneas, miro a mis pajarillos y pienso "¡descansad, porque mañana...!


El viernes 27 de mayo me despierta a mi el primero. Son las 7:00 de la mañana y confío plenamente que el ruido del despertador, que sonará en media hora, saque a mis tres princesas de sus dulces sueños.
¡Hoy toca pesadilla!

Bajamos a desayunar al salón del hotel. Es un desayuno correcto pero que en días posteriores veríamos como monótono y poco variado.

Cuando salimos del hotel lo hacemos bastante más abrigados que el día anterior. El ambiente es frío. Cogemos el S-Tog en dirección Norreport. Hoy la ruta comienza en el Jardín Botánico que, lejos de ser un tostón, se convierte en una más que agradable visita.

La lluvia gana terreno pero en cuanto abres el paraguas deja de llover. Los daneses, impertérritos, deben estar más que acostumbrados porque ellos siguen con su bicicleta a todas partes.

Paseamos entre árboles, plantas y flores perfectamente acicalados. Un hivernadero gigante nos aguarda en medio del Jardín Botánico. Abren a las 10:00h, momento en que entramos.

No, no es nada del otro mundo, pero ciertamente la visita nos atrae, con palmeras, plantas exóticas y al final un pequeño estanque con nenúfares.

Después de pastar entre tanto verde y ya con un cielo soleado, nos encaminamos al cercano Castillo de Rosenborg, cuya entrada la anticipa el Jardín de la Reina.

La visita al Castillo (horario de 11 a 16h, gratis con la CPH card) es otra de aquellas cosas imprescindibles en Copenhague. Bueno, ya os podéis imaginar: suelos de parquet, tapices, bargueños, estancias decoradas, cuadros y piezas antiguas por todos lados.

Un deleite para la cámara de fotos que, por cierto, ha tenido que pagar 25DKK para que le dejen hacer su función.

Acabada la visita y viendo que se nos había hecho la hora de comer nos acercamos, igual que ayer por la tarde, al Puerto Nuevo, al Nyhavn, aquel maravilloso canal repleto de restaurantes al aire libre.

Nos sentamos al sol en una terracita, pero nos tenemos que abrigar con las mantas de que dispone el restaurane pues, pese al sol, el viento es frío y bastante molesto, hecho que no quita que al vaciarse una mesa automáticamente se vuelva a ocupar.

Es como una fiebre por comer allí. Comimos algo típico del lugar: carne con patatas. ¡No, es broma! La única que, para variar, se atrevió con algo típico del país fue mi mujer que se pidió un pequeño combinado de Smorrebrod, que son como los pinchos vascos pero de mayor tamaño y con más mezcla de ingredientes.

Comer en el Nyhavn fue una bonita experiencia pero, sinceramente, recordaré más el molesto viento que sus bucólicas vistas o su normalita comida.

A continuación nos dirigimos hacia Amalienborg Slot. Se trata de una plaza octogonal, otros dirían de bella factura (¿porqué a los viajeros les parece todo 'precioso'?, con cuatro edificios -perdón, palacios-, a los costados y en medio de la cual hay una estatua ecuestre. 

A mi personalmente me parecieron cuatro monótonos palacios, con estructura exterior extremadamente simplona. En unos de ellos pasa sus horas muertas la reina, lo que explica la presencia de aquellos guardias con su absurdo caminar, ya sabéis, van muy lentamente alzando exageradamente las piernas al andar, con un fusil al brazo y un enorme sombrero que les debe provocar sudor y picores por toda la cabeza.

La gente se hace fotos cuando pasan junto a ellos, y nosotros..., pues..., también. This is tourism!

Aunque nuestra intención era tomar café y pastas departiendo con la reina, su ausencia de la ciudad nos cambia los planes, así que accedemos al único de aquellos pseudopalacetes que está abierto al público. Es fácil de distinguir: el único que no lo custodian los soldados de la reina.

Entramos gratis con la Copenhaguen Card, pero debería ser gratis para todo el mundo ya que pagar siquiera un céntimo por semejante porquería debería ser delito.

Pasamos por diversas salas, a cual peor decorada, con multitud de fotos de la familia real y vestidos de la reina. Es más para amantes del Salsa Rosa que para turistas con cerebro.

Vamos, que si los viera la tal Belen Esteban diría... ¡pero..., qué bonito!

Tras la decepción palaciega nos acercamos a la Marmorkirken, la Iglesia de Mármol, cuya preciosa cúpula se distingue a distancia.

Es una iglesia redonda y la única, redonda o no redonda, a la que entraríamos en Copenhague.

Ninguna otra, exteriormente, incita a entrar a rezar pero éste es diferente: primero porque, por fuera, merece alguna foto; y segundo, porque está abierta, así que aprovechamos para descansar en sus bancos. ¿Había dicho rezar? Bueno..., cosas del directo.

Está sencillamente decorado y lo más destacable es su cúpula, a la que se puede subir, previo pago, si bien solo hasta las 15:00h. Como son casi las 4 de la tarde seguimos la ruta marcada por nuestro magníficao guía y ponemos rumbo hacia Kastellet donde hacemos un alto para fotografiar desde todos los ángulos posibles la extraordinaria Fuente de Gefion.

Después paseamos por los senderos de Kastellet con la idea de llegar a la famosa Sirenita.

¡Y allí está!

Las diferentes opiniones recogidas en los blogs de viajeros dejaban a esta estatua por los suelos. El problema es crear excesiva expectación respecto a un monumento porque entonces el grado de decepción puede ser mayor.

Yo iba con la idea, creada por otros, de encontrar una auténtica porquería, pero lo que allí nos esperaba fue otra realidad. Y digo nos esperaba porque al llegar no había prácticamente nadie junto a la estatua, hecho que nos permitió disfrutar algo más de aquel momento.

La estatua, de pequeño tamaño, está sobre una roca, junto a la orilla de un canal y a la cual se puede acceder incluso mediante un saldo, no exento de poder caer al agua.

La suerte que tuvimos, como decía antes, fue que estábamos prácticamente solos pese al mirador que han construido a escasos 5 metros y la parada de autocares del Imserso allí situada.

Eso sí, debe ser agobiante intentar fotografiarla con un batallón de viejos justo delante diciendo: 
"y ahora los tres juntos..."
"y ahora todo el grupo..."
"y ahora con la Lola..."
"y ahora..."

¡La madre que los parió!
¡...y nos quejamos de los grupos de japoneses!

La Sirenita representó para mi el divorcio formal con la Nube..., sí, sí... Una de las webs que consultaba para mis viajes era la de 'Minube', donde me había sorprendido que todos los comentarios, sea del lugar que sea, eran maravillosos. Las plazas maravillosas, la gente encantadora, los monumentos fuera de lo común...Los viajeros de la nube no visitaban lugares feos..., estaban tocados por la varita de la suerte... Al regresar de este viaje de Copenhague escribí en aquella Nube un comentario referente a la Sirenita diciendo que "se podía ver pero que no me pareció tan maravillosa", y el señor de la Nube creyó que mi comentario era ofensivo y que futuras aportaciones las pondrían en tela de juicio. Desde entonces he preferido los días con cielo despejado, porque yo no cobro por decir que todo es fantástico y en esta web no hay ningún enlace a reserva de vuelos ni de hoteles.

¡Atención Anunciantes: puedo borrar el párrafo anterior y decir que todo es espectacular por un buen puñado de euros -se aceptan dólares!

Bueno. Dejamos atrás a La Sirenita y proseguimos caminando en busca de la parada del S-Tog en Osteport. Son las 5 de la tarde. La intención: pasamos por el hotel, descargamos y estamos toda la tarde-noche en el Tívoli.

¡Yupppi!

A las 6 de la tarde ya tenemos puesta la pulserita de las atracciones, pero..., algo no va bien.

Me sobreviene un dolor que cabeza que pasa de fuerte a descomunal y en apenas media hora visito tres veces el baño para vomitar como un descosido.

¡No puedo, es irresistible!
Durante dos o tres horas no me entero de nada. Estoy out, sentado en un banco y con un mareo espectacular.

Dudo si volver al hotel a estirarme un rato, pero eso implica casi seguro no volver a bajar después y, estando de viaje, es inaceptable.

Aguanto como puedo, y la migraña va remitiendo lentamente. Suerte que parece que Andrea se lo está pasando en grande.

Hacia las 9 de la noche decidimos cenar algo y, allí mismo, en el parque de atracciones había infinidad de opciones, desde puestecillos de frankfurts y comida rápida hasta restaurantes de bien.

Entramos en el Mgamagnama donde sirven comida japonesa que, con la bebida, sube unas 400 coronas; allí charlamos con una camarera catalana que nos indica que mañana sábado 28 de mayo en no sabe qué lugar de Copenhague, montan una pantalla gigante para ver la final de la Champions League entre el Barça y el Manchester United.

¡Barça...!

Después de cenar me encuentro ya mejor y seguimos disfrutando del parque hasta prácticamente las 11 de la noche. Pese a que hoy cierrran a las 12 ya tenemos bastante.

Hay que descansar; nos hemos levantado a las 7:30h, no hemos parado en todo el día y nos retiramos a las 23:00h. No está mal.

Todo un record. Mis tres princesas han aguantado como verdaderas campeonas y el único que ha flaqueado hoy he sido yo.

Llegamos al hotel, apoyo la cabeza en la almohada..., y..., sonó el despertador a las 7:30h del sábado.

Me levanto, me ducho y, viendo que éstas aún roncan, las dejo dormir media horita más..., que se lo han ganado.

Gooood Morning..., Today is Saturday!
Después de desayunar volvemos al ataque. Nos dirigimos otra vez hacia el Ayuntamiento, pero no abren hasta las 10:00h, por lo que aplazamos su visita y la ascensión a su torre.

Aprovechamos para fotografiarnos junto al Ayuntamiento con Hans Cristian Andersen, el escritor de entre otros cuentos, la Sirenita. 

Seguimos andando hacia Cristianborg Slot, otro palacio. En primer lugar visitamos las estancias reales donde nos colocan unas bolsas de plástico a modo de zapato para no ensuciar el suelo (horario: 10-17h; gratis con la CPH card; no permiten grabar ni pagando). La visita vale la pena y alcanza el grado de imprescindible.

Saliendo compramos algunos souvenirs y nos dirigimos hacia las "Ruinas de Absalon", en el mismo recinto. Son los restos del antiguo palacio del fundador de la ciudad que fueron descubiertos al realizar unas obras en el palacio actual. Es una visita corta y solo se ven piedras superpuestas.

Hay que ponerle algo de imaginación, pero en estos lugares así más que piedras hay que mentalizarse que estás viendo algo histórico (horario: de 10 a 17h; entrada gratis con la CPH card).

Allí mismo hay dos pequeños museos, el del Teatro, y el de los Establos, donde se exhiben carrozas antiguas, pero sus horarios, de 14 a 16h, lo hacen inaccesible para nuestros planes.

Continuamos hacia la 'Kongelige Bibliotek', biblioteca real, con un agradable jardín y una espectacular fachada que no defrauda..., para proseguir hacia la Biblioteca Nueva, conocida como Diamante Negro.

Se trata de una biblioteca construida en un modernísimo edificio de cristal negro, de ahí su nombre, a la que accedimos a su espectacular vestíbulo (teniendo en cuenta que es una biblioteca).

Seguimos bordeando el canal dejando atrás la retorcida punta de la Torre de la Bolsa y cruzamos el Puente Knippels hacia Christianshavn.

Hicimos un breve paseo por un canal que recuerda a Amsterdam, pero nuestra intención es acabar en "Vor Frelsers kirke", una iglesia a cuya torre en espiral se puede subir mediante una escalera que primero discurre por el interior de la torre para después hacer una ascensión por su exterior.

Es todo una experiencia no apta para quien sufre de vértigo. La escalera va ascendiendo y estrechándose de tal manera que tan sólo Andrea es capaz de hacer los últimos tres o cuatro escalones.

¡Está arriba del todo!
Las vistas son espectaculares.
Se puede entrar gratis con la CPH card.

Es casi la 1 de la tarde y más vale ir pensando en comer, así que vamos en metro hasta Kogens Nytorv. 

Hoy comemos en el centro. Lo hacemos en una especie de 'Pans & Company" italiano donde sirven crepes rellenas de carne y verdura.

Al salir y dirigirnos hacia la Rundetaarn me doy cuenta de uno de los grandes errores que he cometido en este viaje: apenas hemos callejeado, y el ambiente a estas horas en Copenhague es excepcional. Todo el mundo está en la calle y la Stroget y alrededores tienen un magnífica ambiente.

La Rundetaarn es una gran torre redonda a la que se puede subir hasta una azotea a través de una rampa que, en espiral, va ascendiendo sin necesidad de escalones (como la rampa de una parking de diversos niveles). Es una curiosa visita, gratis con la CPH card, y con horario de 10:00 a 20:00h. Nuevamente, las vistas desde su terraza son merecedoras de la ascensión.

Al bajar, paseamos de nuevo por la Stroget donde, ya pasado el Ayuntamiento, llegamos a "Ny Carlsberg Glyptotek".

Es un museo abierto de 11:00 a 17:00h, gratis con la CPH card, en el que se muestgran un sinfín de piezas etruscas, egipcias, griegas y romanas, además de cuadros de los impresionistas.

Por cierto, son cuadros de la primera época de Van Gogh, Degas, Pissarro y demás, que denotan que ellos también empezaron sin saber dar dos trazos bien hechos. ¡Vamos, que los podía haber pintado yo!

El museo está bien, pero me esperaba más, viendo las opiniones de los blogeros (quizás lo leí en la Nube...).

¿Y sabéis que hay justo al lado del Museo?

Ta-chan, Ta-chan...!

¡Elllll Tivoli...!

Ya lo dice el refrán: "todos los caminos llevan al Tívoli..." o algo así. Volvemos a entrar gratis con la CPH card, y volvemos a pagar 390 coronas por dos pulseritas.

Paseamos, disfrutamos de sus jardines pero sobre todo nos deleitamos con sus atracciones, destancando una montaña rusa con luppings y unas sillas voladoras que nos elevan a casi 100 metros.

En un momento se pone a llover con cierta insistencia, pero no nos obliga a desistir de nuestro empeño de pasarlo bien...

...Pero la sorpresa me la llevo yo. Después de buscar durante el día por todo Copenhague la pantalla gigante donde ver al Barça, me la encuentro allí mismo, en el Tívoli, donde poco a poco se concentran aficionados de ambos equipos.

Mis tres princesas continuan en las atracciones para después regresar al hotel, mientras yo tomo posición entre una enorme multitud.

Debamos ser más de 1.000 personas, algunos sentados en graderías improvisadas, y casi todos de pie.

Llueve. Llueve y hace frío, pero el ambientillo es espectacular. Al comenzar el partido me doy cuenta que me he situado con los aficionados ingleses.

¡Goool de Pedro!

No lo celebro por el bien de mi integridad física; pero cuando empata Roonie para el Manchester, disimuladamente me voy escurriendo hacia una zona menos hostil.

Cada vez llueve más. Operarios del parque van regalando chubasqueros para no acabar con una pulmonía. Todo un detalle.

En la segunda parte me situo tras unas bufandas blaugranas y...

¡Gooool de Messi!

Son mayoría de ingleses pero el fútbol del Barça les deja mudos y...

¡Gooool de Villa!

Cuando el árbitro pita el final regreso al hotel con mi trocito de Champions.

Al irme a dormir recuerdo que mañana regresamos a casa. Me viene a la cabeza por dónde andará la nube de ceniza que casi nos deja en casa.

Bueno, si ahora nos dejara un día más en Copenhague no pasaría nada.

La mañana del domingo, tendiendo en cuenta que a las 12:00 debemos ir al aeropuerto, la reservamos para desayunar, preparar las maletas y acercanos al Ayuntamiento para ver su vestíbulo y subir a aquella magnífica torre, pero...

¡oh..., cerrado!

Claro, idiota, si hoy es domingo.
Hasta los mejores guías cometen errores de organización.

Decidimos despedirnos de la ciudad paseando nuevamente por la Stroget, donde pasado Amagertorv, a la izquierda, hallamos el Pasaje Pilestraede, con unas preciosas casas de entramado de madera y una serie de pequeños restaurantes.

Se acabó. Cargados con las maletas vamos en el S-Tog hasta el aeropuerto de Kastrupp.

De la nube volcánica, ni rastro.
De Copenhague, recuerdos.
Y en el avión, una gran duda: ¿Desde dónde os explicaré el próximo viaje?


















































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